Serían las 13.00 horas de un jueves común y corriente. Yo había tomado un camión, un transporte público de la ruta 183-A. Salimos desde el centro de la ciudad de Guadalajara con rumbo hacia el poniente y posteriormente hacia el sur de la ciudad. Todo era normalidad, la ocupación era media dentro de la unidad. De momento la velocidad se incrementó. La verdad no me percaté de ningún incidente, pero el chofer ya había acelerado de más.
Salimos de Avenida Niños Héroes para tomar avenida Mariano Otero. La velocidad ya era mayor. Fue entonces que comencé a sospechar algo raro. En las aceras del lado derecho, donde se encuentran los módulos que marcan lasa paradas del transporte veía yo a varias personas estirar sus manos, sus brazos en actitud de hacer la parada al camión en el que yo viajaba. El Chofer las igonoró. Siguió su camino cargado a la izquierda, en el segundo carril de la calle lateral a la avenida. No hizo parada alguna.
Pasó los Arcos del Milenio sin parar. Tenía el siga en el semáforo. pasó a velocidad alta, dio la vuelta a la glorieta y siguió por el mismo carril. Los usuarios vieron como pasaba frente a ellos sin detenerse ante su indicación. De momento el chofer volteo hacia su derecha. No bajó la velocidad. Simplemente hizo algunos ademanes con el brazo y mano derecha, con la izquierda, para fortuna nuestra, sostenía el volante. Peleaba con alguien. No supe con quien, porque después de sus ademanes, bajó la velocidad, tomó su celular, marcó y algo dijo a su interlocutor.
Llegamos casi frente a las instalaciones de la Expo, se paró en el mismo carril sobre el que iba, porque se marcó la luz roja en el semáforo. Este aparato marcó flecha para dar vuelta a la izquierda el chofer emprendió para ar la vuelta de regreso, vuelta en "U" le llaman, y se atrevió a decir "vamos a la glorieta y regresamos". Nadie dentro del camión dijo palabra alguna. El camión regresó, entonces sí para recoger el pasaje al que no había echo caso en su loca carrera.
Quiero pensar que algo sucedió previamente y sin importar al chofer que trajera pasaje dentro de la unidad, pretendió desquitarse. Su coraje lo soltó con unos cuantos ademanes o quizá una orden por consiga dada por el celular que usó mientras manejada, cuando se supone está prohibido hacerlo, por seguridad.
Estos con los choferes de unidades del transporte público, que ponen en riesgo la seguridad de los pasajeros por sus rencillas con otros choferes. Éstos son los trabajadores del volante que de ahora en adelante nos cobrarán 7 pesos por subir a sus camiones, en muchos casos destartalados.
Creo que bien harían las autoridades, en sus reuniones de revisión de la situación de precios, tomar en consideración medidas que eviten que acciones como la de este sujeto se repitan, porque afortunadamente en esta ocasión nada pasó, más allá de un retraso en el transporte, pero cuantas otras no han culminado en muertes de inocentes.
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