Hace un par de días la Secretaría de Salud emitió un comunicado oficial, en el que destaca que de acuerdo con los dicho por el titular de la COFEPRIS, Mikel Arriola, en el periodo 2010-2012 se han asegurado y destruido casi 100 toneladas de medicinas que se comercializaban ilícitamente en 11 estados de la República, lo que significa un incremento de 4000 por ciento respecto de 2009.
Dice el boletín de prensa que con el apoyo de PGR, IMPI, SAT, PF, PROFECO y autoridades estatales, se incrementó de tres operativos en 2009 a 36 en los tres años siguientes; es decir, aumentaron en mil 110 por ciento.
Indica la SSA que se han clausurado 51 farmacias y puestos de tianguis y aplicado multas de alrededor de 30 millones de pesos en el mismo periodo.
Aclaró que más de la mitad de los productos asegurados durante los operativos conjuntos (50.56%) fueron muestras médicas, el 23.3% fármacos caducados, 18.5% fraccionados, 5.3% maltratados, 1.3% desviados de la cadena del sector público y el 1.10% restante eran medicinas falsificadas o adulteradas.
No obstante estos números proporcionados por la Secretaría de Salud, podemos decir que la corrupción dentro de las instituciones en la materia continúa y que los encargados de distribuir productos médicos de manera ilegal siguen en pleno apogeo, lo que evidencia que los operativos ni son lo efectivos que dicen ser ni medran en los ingreso de esas personas.
Y no es que hable al aire, sino que en días pasados me atreví a darme una vuelta por calles del barrio conocido como "El Santuario", en pleno centro de la ciudad de Guadalajara. Debo haber recorrido por lo menos unos veinte locales; fui interferido por lo menos por una veintena de jóvenes que a grito abierto, desde la acera de enfrente, preguntan por el medicamento que uno busca.
El medicamento que yo, según, buscaba, no es de uso generalizado y, por tanto en ninguna de las "farmacias" lo tenían.
Sorprendido, aún más, he quedado cuando hay quienes en la calle dicen a las personas que acuden al barrio, que el medicamento que busca seguramente lo encontrará en tal o cual local, "porque apenas ahora llegaron nuevos medicamentos".
Freno no hay; nadie se oculta para vender las medicinas, nadie teme a nadie, las preguntas por los medicamentos a buscar se hacen a grito abierto en las calles. No diferencia en nada de otros barrios donde se venden partes de autos o productos de contrabando. Andar por las calles del barrio de "El Santuario", equivale a sentirse en medio de los peores lugares donde la delincuencia abunda.
No entiendo entonces como las autoridades hablan de grandes éxitos en el combate a la venta ilícita de farmacos, cuando en pleno centro de Guadalajara podemos encontrar las medicinas que queramos a precios más accesibles y siempre con el riesgo de la salud.
Habrá que entender algún día quien o quienes manejan ese negocio, que a todas luces, habla de la corrupción que existe y de la implicación que hay de autoridades, porque de otra manera no se entiende.
Operativos van y viene. Un día llegan decenas de agentes federales acompañados de inspectores de la misma COFEPRIS, del SAT, del IMPI, pero a la hora de que retiran el operativo, las mismas "farmacias" habilitadas a través de una ventanilla, algunas, reabren sus puertas y continúan con sus ventas. ¿No es esto un burla?

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